Reflexiones

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A veces ocurre que es más fácil entender nuestros procesos internos tomando distancia de nosotros mismos, mirando desde afuera. Cada proceso humano podemos encontrarlo en forma metafórica en la naturaleza, si sabemos verlo. Lo que está dentro, está afuera.

Las personas adquirimos experiencia de la misma forma en que a una cebolla se le forman las capas y hasta que una capa o experiencia no está totalmente formada y recubriendo todo lo anterior, no se empieza a gestar la siguiente. Por eso, aunque a veces se nos olvide lo vivido, lo vivido está ahí, formando parte de la capa anterior o de la anterior de la anterior, y no somos más que la suma o el resultado de ello. Por esto, hemos de estar agradecidos a TODO lo que la vida nos haya podido traer, porque si somos la cebolla que somos es gracias a  todo, lo agradable y lo desagradable, que nos ha ocurrido. Al fin y al cabo la felicidad no es más que un punto de vista.

24-8-2001

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La felicidad es un concepto que no tiene futuro. Sólo se puede uno considerar una persona feliz si hoy, si ahora mismo está siendo feliz. Del mañana ya nos preocuparemos cuando se convierta en hoy.

 

24-8-2001

 

 

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No puede haber grandeza sin humildad. El sol nos lo enseña viniendo a encontrarse cada día con nuestra insignificancia.

 

2-10-01

 

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Hoy he pensado que cada persona es como una vela. Dura, maleable, y con una mecha en su interior. En el momento en que se enciende la mecha y nace la luz, la cera de la vela empieza a cambiar: se calienta y poco a poco se va derritiendo convirtiéndose lo sólido en líquido y lo translúcido en transparente, hasta el punto que parece agua.

 

Si cogemos con cuidado la vela y la apagamos, veremos que por un tiempo la cera derretida sigue pareciendo agua, se ha ablandado y ha cambiado su estructura y vibración. Aunque no mucho después comience a ponerse translúcida y espesarse, hasta que por fin se endurece de nuevo.

 

Sin embargo, la vela, una vez que ha sido encendida nunca vuelve a ser la misma, su forma ha cambiado para siempre. Igual que las personas.

 

8.11.2004, volviendo de Leiden

 

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El amor verdadero no puede ser pecado nunca. No importa quién o quiénes se amen. El amor es probablemente ley de Dios. Los hombres ponen normas, Dios pone las leyes. La moral y el pecado son normas de los hombres y nada tienen que ver con la ley de Dios. Acotar al amor con limitaciones de cuál es bueno y cuál no lo es, es como querer poner verjas al cielo. El amor, no importa qué amor sea, es pureza, entrega, belleza, generosidad.

 

Todo el amor empieza y converge en el mismo punto: uno mismo. El amor hacia otro, hacia algo externo, siempre es amor a uno mismo. Confundir el objeto amado con el amor mismo es una metonimia: el amor es del amante, y por lo tanto difiere del amado. El otro, el amado, es el medio que lo hace brotar, como la chispa hace encender el fuego, pero no es el fuego. Amar a otro es amarse a uno mismo. Y esa es la tarea de cualquier ser humano.

 

22-10-01

 

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Sólo hay una guerra para la que siempre deberíamos estar preparados: la guerra con uno mismo. Es necesario que el intelecto y el sentimiento se declaren la guerra a sí mismos y que la batalla se mantenga viva hasta que el individuo reconozca la victoria de uno u otro bando. Los dos bandos son poderosos.

 

¿Guerra? Sí, porque los dos cuentan con sus propias armas.

 

Nunca se pueden librar dos guerras al mismo tiempo. Si cada uno se volcara en la suya interna, las otras, las de fuera, sencillamente no ocurrirían.

 

2-10-01

 

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Antes me gustaba acumular. Esto me daba sensación de éxito, de ser alguien. Las pertenencias, los libros, la ropa, los objetos, los muebles… me protegían, eran como una muralla para cercar mi cueva. Sin embargo ahora cada vez me sobran más cosas, mi cueva se va despojando de muebles, de objetos, mi armario de ropa, y cuanto menos tengo más me parece que me sobra. Y me voy dando cuenta de qué poco se necesita para estar cómodo. El minimalismo no es una tendencia. Es lo que queda cuando se supera la fantasía de tener. El ser humano es minimalista por definición. Los objetos son corazas que le impiden llegar a su hondo ser.

 

29.9.2003

 

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La “realidad mágica”. Algo debe haber. Ando pensando que necesito un servicio y ahí está, 100 metros adelante: WC. Un poco de agua fresca me vendría bien. ¡Zas! Una fuente. Y tantas otras cosas. Tanta magia y tanta realidad.

 

Si realmente es cierto que tanto podemos hacer con nuestra fe y deseos, desde luego es para pensárselo, porque no solamente estamos desperdiciando lo que somos, sino que podemos y, de hecho me consta, hacemos muchas cosas indeseables. Porque lo que no deja duda es que si funciona para bien, funciona para mal. Lo uno es lo mismo que lo otro. Impepinable. Y por ello, por cada bien que yo pueda hacer, por ejemplo, en ese mismo instante podría pensar que hay alguien haciendo mal, aproximadamente en la misma medida.

 

¿Se puede hacer algo entonces para impedir este proceso? ¿Hay un remedio? Quizás el equilibrio está en el dos por uno. Si hay dos Yin para un Yan, nuestro objetivo debería ser que hubiera dos Bien por un Mal. O quizás deberíamos dejar que todo siguiera su cauce. Que cada uno sepa cual es su misión, sea Yin o Yang y la cumpla lo más escrupulosamente posible.

Interlaken, 5.7.94

 

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La realidad mágica de las cosas está ahí, no necesitamos crearla, solamente reconocerla. Voy de camino al trabajo una mañana cualquiera y un obrero me dice un piropo. Puedo pensar que es un imbécil que anda diciendo cosas a las chicas. O puedo pensar que la vida ese día me ha llamado “guapa” y ha empleado esa manera. ¿No es una buena manera de empezar el día?

 

Una mirada y una sonrisa que cruzo con alguien en la calle, en una tienda, alguien que me pregunta algo,  cualquiera de estos gestos cotidianos se me antoja mirarlos como parte de la realidad mágica. Si alguien me sonríe, es la vida la que me sonríe. Si alguien me elige de entre la multitud para preguntarme cómo llegar hasta aquél lugar, es la vida la que me está diciendo que yo soy la elegida. Son guiños, a veces cargados de humor. Si se sabe verlo y se sabe corresponder y mostrarse agradecido, la vida seguirá siendo generosa.

 

Montones de pruebas aparecen constantemente. Cosas que aparentemente van mal o no van como a mí me gustaría. Es ahí donde tengo que estar despierta y no responder a la prueba con mal. Porque incluso matemáticamente mal x mal = mal al cuadrado. Aquí la tarea deberá ser guardar la calma, no decaer, no desesperar. Serenidad, no juzgo y no reacciono.

 

Y si decaigo o me desespero habrá que esperar a que pase este estado de ánimo para tomar la mejor decisión. Porque solo desde la serenidad y la confianza conseguiremos llegar a donde realmente queremos llegar. Mi pensamiento no deberá ser: ‘Mierda la vida’, sino: ‘Qué afortunada soy, yo he tenido la oportunidad de enfrentarme a este problema y de demostrarme que he sido capaz de resolverlo’.

 

Y es que siempre bien x mal = bien. Y al ser esto cierto es tanta nuestra fortuna que podemos transformar el día a día. Vivir el presente, con paz y serenidad.

 

¿Por qué se empeñan en enseñarnos cosas desde pequeños que no sirven para nada, y no nos enseñan estas ecuaciones que realmente nos ayudan a ser más felices?

Lucerna 7.7.94

 

 

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El verdadero pacifista no es el que lucha por la paz fuera, sino el que la lleva dentro. Tanto es nuestro poder, que ante la Paz Interior todo lo exterior responde.

Lucerna, 7.7.94

 

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El otro día iba yo en un tren de montaña de excursión. Era muy temprano, las ocho de la mañana. Una pareja de abuelos y un niño iban charlando. Hablaban fuerte en francés. Yo pensé: Vaya gente ruidosa y desagradable. Ella llevaba la voz cantante e iba comentándolo todo: Mira esto y lo otro y lo de más allá. Y yo pensaba: Qué pesada, es insoportable. En un momento dado, ella se dirigió a mí, empezamos a conversar y yo  a participar en su conversación. Pasamos toda la mañana juntos. En cada parada nos esperábamos y yo les ayudaba a llevar sus bultos o paraguas.

 

Él, no sé si en edad, mucho mayor que ella, andaba con mucha dificultad. Ella, con mejor salud y mucha vitalidad, llevaba todos los trastos. Entre ellos había mucha armonía, mucho amor y mutuo agradecimiento, sobre todo de él hacia ella. Con el niño, de diez años, una relación adulta. Le habían traído de excursión para que conociera estas montañas. Conversaban cosas muy interesantes. Ahí es donde el abuelo sabía más. Debía ser un hombre muy leído e inteligente. Bromas, solidaridad. La mañana pasó volando y los cuatro disfrutamos muchísimo.

 

Llegó la hora de comer y ellos se iban a quedar en el restaurante del Junfrau. Yo quería seguir mi camino. Intercambiamos direcciones y me quedó un recuerdo agradabilísimo y tierno de ellos tres, y muy en especial de la señora.

 

Entendí la lección.

 

Juzgar, prejuzgar. Con ello encubrimos otras cosas. Quizás envidia (porque estamos fuera), agresividad, falta de confianza, falta de respeto, de paciencia, etc. Y yo pienso que el hecho de que esto aflore con alguien que no conocemos de nada, deja evidente que no se ha creado en el momento del incidente, sino que es algo que llevamos en la mochila de nuestra personalidad.

 

Probablemente esa agresividad, falta de aceptación, etc., sean las que tengo dentro y contra mí misma. Y el mero hecho de juzgar a otros supone un juicio hacia mí misma. Juzgar es inútil. Solamente se puede justificar cuando después de haber juzgado se aprende la lección. Entonces habrá sido útil y deberemos dar las gracias porque habremos crecido un poquito más.

Lucerna 7.7.94

 

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Vengo pensando desde hace un tiempo que estoy cambiando. Lo veo y lo ven otros. Se refleja en mí, en mi estado de ánimo, en mi actitud ante la vida y se refleja en mi cuerpo, en mi cara, en mi piel… Mucho queda por recorrer, no sé cuanto, porque el camino es todo curvas y no veo más allá de la siguiente curva. Sospecho que bastante, pero siento que lo peor ya está pasado o queda poco por pasar.

 

Buenas bases están quedando sentadas para el futuro, aunque a veces sea inevitable que en el presente surjan esos agujeros negros, que ya no son “tendencias autodestructivas” sino “pequeños placeres con consecuencias poco graves”.

 

Está habiendo un reajuste entre mi mente y me espíritu, un acercamiento, un principio de concordancia: mi espíritu es más libre y por ello me permite más cosas que antes; mi mente comprende más. Una y el otro no se enfrentan como lo hacían antes, no se juzgan -y lo digo de verdad-, no se juzgan. Mi mente no juzga las pequeñas maldades o bondades de mi espíritu y éste es más benevolente con las cosas de la mente, con la certeza que ella misma se recentrará y corregirá.

 

El cuerpo llega en primer y último lugar, y también en el medio. Parecerían en el fondo un trenzado o una filigrana de tres cabos. Me siento bien con mi cuerpo, me siento mejor en todos los aspectos. Nuevas tendencias: caminar mucho, gimnasia, mejora en la alimentación… Queda mucho por hacer, pero voy por buen camino, esa es la sensación que tengo. Nada de enormes aspiraciones, nada de cadenas gruesas e irrompibles.

 

Ablandar, suavizar cada vértice del carácter. “¿Quieres esto? Ah, pero esto no te conviene” ¿Quién lo dice? Todos al unísono, sin embargo mi espíritu dice suavemente desde el fondo: “Vive tu presente; si en este momento es lo que necesitas, hazlo, cómelo, tómalo. Tú sabes que habrá consecuencias, pero no es grave, las superarás”. Si ablando, llegaré a conseguir que mis deseos corporales sean los mismos que los de mi mente y mi espíritu y poco a poco iré descubriendo que mi espíritu cada vez va teniendo menos deseos.

 

Vas por buen camino. Sigue así, no fuerces, no intentes cambiar nada, porque todo está ya en marcha. Ahora es imparable.

 

1994

 

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Ser testigo del propio cambio. Las canas, las carnes, la vitalidad…, no son importantes en sí mismas, pero sirven para hacernos comprender el cambio del mundo, la no estaticidad de las cosas y los seres. Comprendiendo lo de afuera podemos acercarnos a comprender nuestro adentro. Y cuanto más nos comprendemos y toleramos a nosotros mismos, mejor comprendemos y toleramos a los otros. Es una espiral bendita que está en la esencia de nuestro aprendizaje.

 

2004

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Hoy se sentía con el ánimo de la canción “Aquellas pequeñas cosas”, aunque cantada a lo Manu Tenorio. A veces sentía eso, que una melodía o la estrofa de una canción definían o más bien encajaban en su ánimo como un anillo en el dedo de la novia el día de la boda. Ni siquiera se sabía la letra. “Son aquellas pequeñas cosas… nananana… , iba tarareando con la cara de alguien que se siente pleno. Y es que esas pequeñas cosas de la vida la hacían feliz. Su hija, su aspecto, su marido, todo parecía estar en perfecto orden y armonía.

 

2004

 

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Sabía que cualquier cosa en la faz de la tierra puede contar la historia de todas las demás. Si abriese un libro por cualquier página, o mirase las manos de cualquier persona, o las cartas de una baraja, o el vuelo de los pájaros… fuese lo que fuese, cualquier persona encontraría un lazo de unión con lo que está viviendo. En realidad, no es que las cosas muestren nada, son las personas las que, mirando las cosas, descubren la manera de penetrar en el alma del mundo.

 

Puedo leer el pasado, descubrir lo que ya fue olvidado y entender las señales del presente. Cuando las personas consultan a quienes “leen” el futuro, éstos solo pueden “adivinar”. Porque el futuro pertenece a Dios y él solo lo revela en circunstancias extraordinarias. ¿Y cómo consiguen adivinar el futuro? Por las señales del presente. En el presente es donde está el secreto. Si quieres prestar atención al presente, podrás mejorarlo. Y si mejoras el presente, lo que sucederá después también será mejor. Olvídate del futuro y vive cada día de tu vida en las enseñanzas de la Ley y en la confianza de que Dios cuida de sus hijos. Cada día trae en sí la eternidad.

 

2006

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