La mentira

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Cuando se levantó de la cama y se miró al espejo vio que tenía en la frente una pequeña herida. No recordaba haberse dado ningún golpe el día anterior y se sorprendió, pero no le dio mayor importancia. A la mañana siguiente se encontró la mejilla arañada. Se miró las uñas, pero estaban cortas y aseadas, por lo que parecía improbable que se hubiera arañado durante la noche. Se empezó a obsesionar pensando que alguien entraba y la maltrataba por las noches. Puso rejas en las ventanas y una puerta blindada, pero los recuerdos de la noche seguían apareciendo cada mañana.

 

Comenzó a dormir menos, pasaba horas insomne esperando con la luz encendida, pero nada ocurría ante sus ojos. Sin embargo, a la mañana siguiente una nueva señal evidenciaba que la desgracia y el dolor iban deteriorando su vida. Su aspecto fue empeorando tanto que tuvo que dejar de trabajar. Nada parecía poder controlar aquella fuerza destructora que la iba consumiendo en la soledad de sus obsesiones. Algo terrible la circundaba y perseguía; quería acabar con ella. Poco a poco fue perdiendo fuerzas. Se abandonó, dejó de comer, apenas se lavaba ni se ocupaba de mantener un mínimo de higiene a su alrededor. Así fue perdiendo toda su luz.

 

Una mañana en la que el sol no llegó a salir, ella no despertó. Junto a ella yacía la oscuridad, con cara triunfante, tras haberle robado la luz y la vida a cambio de una obsesión, un cuento, una mentira.

 

2004

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