El ser menguante

Home » Cuentos » El ser menguante

Empezó a menguar sin darse cuenta. Primero menguaron sus ambiciones y así menguó su trabajo, las horas que a él dedicaba y su sueldo. Al poco tiempo algunos alimentos dejaron de apetecerle y menguó su apetito. Por ello también menguó el tiempo que dedicaba a comprar, a cocinar, a comer y a limpiar. Menguaron sus aficiones. Menguó su interés por la televisión, que quedó desplazada en un rincón del salón, y sus gustos literarios.

Por eso menguaron las librerías de su casa. Casi al mismo tiempo menguó su agenda y los amigos con los que encontrarse. Menguaron los lugares que solía frecuentar y sus temas de conversación. Menguaron sus días y sus noches; sus preocupaciones, ocupaciones y oportunidades. Menguó su ego, apenas alimentado por una vida menguante, sus facturas y su cuenta bancaria. Su mente, paulatinamente iba menguando a la par que su vida,  y su espíritu un día menguó tanto que desapareció.

 

2003

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *