El bostezo

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Cuando bostecé aquel atardecer no podía imaginar la trascendencia que llegaría a tener en mi vida ese gesto impulsivo. Estaba en mi despacho, cansada, y me sobrevino un enorme bostezo. Al inspirar noté como un insecto entraba en la boca y se quedaba pegado en el paladar. Lo saqué con los dedos y pude comprobar que era un Miscelopitecus Ambiguos.

 

Comencé a llorar mientras lo miraba yacer en la yema de mi dedo índice. Era el último ejemplar de su especie que se había escapado de su jaula diminuta. ¿Cómo podría perdonarse una insectóloga un hecho como éste?

 

A partir de ese bostezo mi vida y la del planeta cambiaron para siempre.

 

17.6.2003

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