EL TIEMPO

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En la soledad de mi estudio acompaño a mi amigo más solitario, el tiempo. Dejándose hacer, sin prisas, al tiempo le gusta fumar y tomar café. Lástima no poder acompañarle en estos placeres. Le digo: Ayer vi por la ventana un segundo que pasaba corriendo, y luego al fijarme mejor comprobé que era un año. Se parecen tanto, dice él. Cuando llega la noche se marcha no sé muy bien adónde, y por la mañana cuando el sol empieza a levantarse vuelve a mi casa. Así todos los días y todas las noches.

 

Hoy le tengo preparada una sorpresa. Para celebrar su cumplesiglos le he comprado un reloj. Es de bolsillo y tiene un pequeño péndulo dentro de la esfera. Al verlo mi amigo ha estallado en carcajadas. Es como si al sol le regalaran una estufa, dice mientras ríe. El regalo le ha sacado de ese humor cansino que le caracteriza en los últimos días. Entre bromas y risas el día ha pasado volando, como dice él, rápido como los viajes de los cometas que visitan la Tierra.

 

Mañana quiero decirle que a veces tengo miedo de perderle. Y sé lo que me va a contestar: no te pierdas a ti mismo y me tendrás siempre.

 

Junio 2003

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